Se está posando en la mañana el hueco. Ya se agranda. Ya me va a desalojar de mí, de mi sombra, mi vestimenta, mis facciones. Ya hay que vivirlo hasta dondequiera que tenga el fondo.Abro la mano y es inútil no mirar. En el centro de la palma se abre el hueco. El hueco sin forma, sin color, sin ganas ya de nada. Lo miro porque lo tengo que mirar, porque es imposible hacer otra cosa que mirarlo.Podría yacer en el agua sin hundirme. Podría entrar en la carpa del circo y ponerlos a todos a llorar, al niño y al caramelo, al mago y al trapecio. Podría ofrecerme de comida al tigre y lo dejaría al pobre aún con más hambre.Con mis últimas fuerzas me arranco la camisa y ahí está, en el lugar del corazón, enorme, oscuro, el hueco. Por él me atraviesa el viento del pecho a la espalda, de la espalda al pecho, sin arrastrar siquiera unas pocas hojas que me permitan camuflarme en el otoño.Vuelco libros dentro del hueco y no lo lleno.Vuelco música y la acalla.Vuelco ángeles, caballos, argumentos, y el hueco se me sube por los hombros; se adueña de mi nombre; me expulsa, despiadado, de mi cara.Yo, la verdad, no sé qué hacer. Hoy manda el hueco. Hoy no soy nada.Fernando Aramburu, Autorretrato sin mí